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COLUMNA DE OPINIÓN: Reabrir el carbón, recuperar la región

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Petro cerró voluntariamente un mercado mientras Cesar y La Guajira perdían producción, exportaciones y regalías. Hoy el presidente Abelardo de la Espriella corrige esa decisión. Reabrir las ventas de carbón a Israel es acertado; pero después de 26 meses de restricciones, el verdadero desafío es recuperar el mercado, las regalías y las oportunidades que nuestras regiones dejaron en el camino.

Por: CLAUDIA MARGARITA ZULETA – Sendora.

Durante más de dos años Colombia convirtió una decisión de política exterior en una restricción para uno de sus principales productos de exportación. El resultado era previsible: Israel no dejó de consumir carbón. Simplemente buscó otros proveedores.

La decisión del presidente Abelardo de la Espriella de reactivar las exportaciones de carbón colombiano hacia ese país corrige ese rumbo y merece respaldo. Pero sería un error pensar que con la firma del decreto todo vuelve automáticamente al punto de partida.

Según Fenalcarbón, el mercado israelí representaba alrededor de 3,5 millones de toneladas de carbón colombiano al año, valoradas en cerca de 200 millones de dólares. La Federación ha estimado, además, un impacto cercano a 100.000 millones de pesos anuales en regalías asociado a ese mercado, con especial incidencia sobre las regiones productoras del Caribe.

Y esas cifras hay que ponerlas en contexto.

Mientras Colombia restringía voluntariamente sus exportaciones, las principales regiones carboneras atravesaban una crisis mucho más profunda. En La Guajira, las regalías mineras pasaron de aproximadamente 1,87 billones de pesos en 2023 a 686.000 millones en 2024, una reducción superior al 60 %. Sus exportaciones mineras también descendieron de cerca de 2.896 millones de dólares a 1.840 millones de dólares en ese mismo periodo.

En el Cesar, corazón de la producción carbonífera nacional, las regalías mineras cayeron de aproximadamente 3,9 billones de pesos en 2023 a 1,92 billones en 2024. Es decir, una reducción superior al 50 % en un solo año. La producción y las exportaciones también retrocedieron.

Entre ambos departamentos, las regalías mineras causadas disminuyeron alrededor de 3,16 billones de pesos entre 2023 y 2024.

Hay que decirlo con rigor: no toda esa caída fue causada por la prohibición de vender carbón a Israel. El sector ha enfrentado menores precios internacionales, reducción de la producción, mayores costos operativos, cargas fiscales y regulatorias y una pérdida general de competitividad.

Pero precisamente por eso fue tan desacertado cerrar otro mercado. Cuando una región está perdiendo ingresos, producción, empleos y regalías, la respuesta del Estado no puede ser reducir todavía más sus posibilidades de vender.

La consecuencia más difícil de corregir es que los mercados no esperan. Durante este tiempo Israel diversificó sus proveedores y sustituyó parte del carbón colombiano con otras fuentes de suministro. Ahora nuestros productores tendrán que competir de nuevo por un espacio que antes ya tenían.

Por eso la decisión del Gobierno debe ser apenas el primer paso. El Ministerio de Comercio y el Ministerio de Minas y Energía deberían presentar una estrategia concreta para recuperar ese mercado, promover nuevas exportaciones, mejorar las condiciones de competitividad del sector y lograr que el aumento de actividad económica vuelva a sentirse en los municipios productores.

Porque cuando hablamos de carbón no hablamos únicamente de grandes compañías. Hablamos de trabajadores, contratistas, transportadores, proveedores, comerciantes y miles de familias cuya economía está vinculada directa o indirectamente a esta actividad.

Y hablamos también de regalías: recursos con los que Cesar y La Guajira pueden financiar vías, agua potable, educación, salud e infraestructura y, paradójicamente, la propia transformación productiva que necesitarán estas regiones cuando el carbón tenga un peso menor en la economía mundial.

Ese debe ser el verdadero sentido de una transición energética responsable.

La transición es necesaria, pero no puede consistir en destruir primero la economía existente y preguntarnos después con qué vamos a reemplazarla.

Cesar y La Guajira necesitan diversificarse. Necesitan nuevas industrias, agroindustria, turismo, energías renovables, infraestructura y empleo. Pero esa transformación exige tiempo, inversión y recursos. Las regalías provenientes de los recursos que hoy tenemos deben ayudarnos a construir la economía que tendremos mañana.

Por eso celebro que Colombia vuelva a abrirle la puerta al mercado israelí.

Ahora viene el verdadero reto: recuperar producción, recuperar mercados, recuperar regalías y convertir esa riqueza en una transición que genere oportunidades, en lugar de anticipar el empobrecimiento de nuestras regiones.

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